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September 16 LluviaPronto empezamos. Dieciseis de septiembre y ya está lloviendo. Plop, plop, plop dice el alféizar de mi ventana. Huele todo a verde mojado, a humedad. Y de vez en cuando destella algún relámpago y se oye un trueno de lejos que cada vez está más cerca. Plop, plop, plop dice la canaleta que baja del tejado.
Desde mi cama la lluvia no moja y me gusta. Me gusta escuchar cómo cae contra el suelo de la terraza, sobre la mesa; y cómo los arbustos la amortiguan. Ya no es plop, plop, plop sino blob, blob, blob. Suave, blanda, serena. Y hoy, un día en el que mis ánimos no son precisamente de día soleado, esta lluvia me sienta bien. Porque así puedo tumbarme en mi cama con una luz baja y pensar en mis cosas mientras las gotas caen por mi ventana. Puedo pensar en la gente a la que echo de menos o en alguna persona a quien me gustaría estrangular según el momento; pensar en mis sueños y odiarme a mí misma por permitirme pensar cosas que no me sienta bien pensar. Pero es lo que tiene la lluvia... todo lo evoca y todo no es siempre bueno.
Plop, plop, plop dice la lluvia en mi cabeza... y la tinta que escribe lo malo se disuelve y forma un borrón que secará y marcará el papel. No importa en qué forma esté porque siempre estará ahí. Y en el fondo, aunque me amargue algunos días y muchas de las noches, me gusta; porque forma parte de mí y estoy convencida de que yo también formo parte de algo. Quizás de su borrón. Algún día aprenderemos a escribirlo.
September 15 Las cosas buenas de volverVolver tiene cosas buenas. Para quien le guste ir a una papelería y llevarse todo(coloritos, libretas, postits, lápices, chinchetas...mmmm) es divertido, estimulante. Para quien le guste sentarse y escuchar a personas que saben es entretenido. Para quien le guste estar de nuevo con buenos amigos que se cuentan con las manos es bonito. Sí, porque puedes llegar a clase después de haber dormido cinco horas y sin desayunar porque no te ha dado tiempo y chocarte con una sonrisa de alguien que te importa. Y en el momento en el que atraviesas la puerta ya no importa que además de tus amigos haya algunas personas insoportables, ni que la cara de la profesora de lógica brille, literalmente, ni que se te queden los ojos pegados si te descuidas. Ya no importa porque levantarte de la cama pensando que a las ocho y media de la mañana vas a reírte a carcajadas merece la pena. ¿Quién puede decir lo mismo? Yo lo digo; que me parto de risa y por eso volver es bueno, que me siento querida y por eso volver es bueno...
Volver, al fin y al cabo, no es tan malo. Aunque el único aroma a mar que huelas sea el que te imagines al meter la oreja en una caracola. O aunque estés hora y media en la carretera para volver a casa (tengo discos muy buenos si queréis experimentar algo parecido). En fin, comer en casa de un abuelo, salir de compras con tu madre, ver una película con una amiga, estudiar entre risas... creo que podré soportarlo unos añitos más. September 08 Existe realmente un mundo paralelo Sí, es verdad, realmente existe un mundo paralelo. Y te das cuenta cuando te encuentras en medio del mar contemplando un atardecer en los Alíseos. No hay un atardecer parecido en cualquier parte del mundo. No quiero decir que sean los mejores atardeceres, pero son únicos, y eso los hace curiosamente especiales. Hay agua, nubes, una luz que te inunda y hace que reboses... de alegría, melancolía, cariño. El atardecer en el Atlántico es dulce, acompasado, se mueve al ritmo de las olas y te mece con ellas. Hace que tu interior se revuelva y que cuando mires a tu alrededor te sientas profundamente afortunado, agradecido. Agradeces el momento, la compañía... esa gente que siente como tú y que como tú no dice nada porque sabe que el silencio es suficiente para engrandecer el momento. Es ese tipo de gente que te falta cuando vuelves al otro mundo, al menos feliz. Pero el mundo que se comparte es tan personal e intransferible que no sientes pena porque sabes que siempre estará ahí, que llegarán nuevos atardeceres y volverán a ser especiales junto a esas personas.
Pero aún así no puedes evitar mirar al techo y preguntarte qué haces en Madrid. La respuesta es tan clara que hace daño: estudiar mientras sueñas con estar en otros lugares. Supongo que es nuestro destino, ¿no?, como humanos: tener algo y querer siempre lo que no tenemos. Es así. Y es lo que nos mantiene vivos. Porque esos momentos que son tan especiales no lo serían tanto si pudiéramos tenerlos siempre. Las buenas fragancias vienen siempre en frasco pequeño. Ahora entiendo por qué. |
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